Verdadero Padre… Verdadero Hombre

On 18 junio, 2011, in OPINIÓN, by Jaime A.

Este día del padre hemos decidido dedicar un pequeño espacio a todos aquellos Verdaderos Hombres que han tenido la fortuna de ser Verdaderos Papás, lo que los convierte en Grandes Hombres, capaces y responsables de ser proveedores y trasmisores, no solo de lo material que es lo ínfimo, sino de aquellos que trasmiten la grandeza […]

Este día del padre hemos decidido dedicar un pequeño espacio a todos aquellos Verdaderos Hombres que han tenido la fortuna de ser Verdaderos Papás, lo que los convierte en Grandes Hombres, capaces y responsables de ser proveedores y trasmisores, no solo de lo material que es lo ínfimo, sino de aquellos que trasmiten la grandeza de su espiritu que mantienen hogares estables y que a su vez repercuta en sociedades estables, valores que muestra la grandeza del espíritu, como la honestidad, lealtad, moral, respeto, valor, fortaleza, honorabilidad, sabiduría, tolerancia, humildad, pero sobre todo la Fe, la Esperanza y Caridad.

Para estos verdadeos heroes anónimos hemos decidido transcribir totalmente la Oración de un Padre a Dios.

Oración De Un Padre

(Autor: Douglas MacArthur)

Dame oh Señor, un hijo que sea lo bastante fuerte para saber cuándo es débil, y
lo bastante valeroso para enfrentarse a sí mismo cuando sienta miedo.

Un hijo que sea orgulloso e inflexible en la derrota honrada, humilde y
magnánimo en la victoria.

Dame un hijo que nunca doble la espalda cuando deba erguir el pecho, un hijo
que sepa conocerte a Ti…

y conocerse a sí mismo, que es la piedra fundamental de todo conocimiento.

Condúcelo te lo ruego, no por el camino cómodo y fácil, sino por el camino
áspero, aguijoneado por las dificultades y los retos, ahí, déjale aprender a
sostenerse firme en la tempestad y a sentir compasión por los que fallan.

Dame un hijo cuyo corazón sea claro, cuyos ideales sean altos, un hijo que se
domine a sí mismo, antes que pretenda dominar a los demás; un hijo que aprenda
a reír pero que también sepa llorar, un hijo que avance hacia el futuro pero
que nunca olvide del pasado.

Y después de que le hayas dado todo eso, agrégale, te suplico, suficiente
sentido del buen humor, de modo que pueda ser siempre serio, pero que no se
tome a sí mismo demasiado en serio.

Dale humildad, para que pueda recordar siempre la sencillez de la verdadera
grandeza, la imparcialidad de la verdadera sabiduría, la mansedumbre de la
verdadera fuerza.

Entonces, yo, su padre, me atreveré a murmurar:

No he vivido en vano

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