Perspectiva: ¿Qué pasaría si México abre su sector petrolero?

On 24 septiembre, 2013, in OPINIÓN, Sector Energetico, by Mayda

  La industria petrolera de México parece estar a punto de abrirse a actores externos. En agosto, el presidente Enrique Peña Nieto presentó una propuesta que permitiría a la petrolera estatal Petróleos Mexicanos, o Pemex, formar sociedades y a las petroleras privadas operar sus propios proyectos mediante acuerdos de ganancias compartidas con el gobierno. Los […]

 

La industria petrolera de México parece estar a punto de abrirse a actores externos.

En agosto, el presidente Enrique Peña Nieto presentó una propuesta que permitiría a la petrolera estatal Petróleos Mexicanos, o Pemex, formar sociedades y a las petroleras privadas operar sus propios proyectos mediante acuerdos de ganancias compartidas con el gobierno. Los partidos de oposición en México tienen sus propias propuestas.

The Wall Street Journal habló hace poco con John Padilla, director gerente de la firma de consultoría sobre energía IPD Latin America, sobre lo que una reforma del sector petrolero implica para el país, potenciales inversionistas y el mercado energético global. A continuación, fragmentos editados.

La necesidad de un cambio

WSJ: ¿Por qué necesita México reformar sus leyes energéticas?

Padilla: En pocas palabras, el modelo actual está roto. Fue desarrollado para un tiempo y lugar distintos.

Conforme el “petróleo fácil” ha terminado su ciclo, la realidad es que es improbable que México encuentre otro Cantarell o Ku-Maloob-Zaap [grandes yacimientos petroleros en aguas poco profundas]. Por eso, ahora se necesita perforar activamente en varias zonas y se necesita producción de muchos lugares, y no sólo de un área concentrada como lo ha hecho México en los últimos más de 30 años.

Durante ese mismo período, el Estado ha utilizado el sindicato de trabajadores petroleros para motivos distintos al bien de la industria. Pemex tiene más de 150.000 empleados, US$100.000 millones en pasivos de pensiones no financiadas, US$60.000 millones en deuda de largo plazo, y sigue perdiendo dinero. Es un problema que un país dependa tanto —cerca de un tercio de los ingresos del gobierno— de su empresa petrolera.

Pemex, o cualquier otra empresa, simplemente no puede hacer todo sola, especialmente cuando México tiene uno de los depósitos más grandes de gas de esquisto y petróleo de esquisto en el mundo. No tiene la experiencia. Está haciendo lo que puede, pero está lejos de la industria dinámica y robusta de Estados Unidos. Lo mismo aplica a las aguas profundas.

WSJ: ¿Cuál de las tres propuestas que se debaten en el Congreso mexicano es la más factible para la industria privada: el plan respaldado por el presidente y su Partido Revolucionario Institucional (PRI), o los presentados por el conservador Partido de Acción Nacional (PAN) y el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD)?

Padilla: Cada una tiene sus méritos. Desde la perspectiva de exploración y producción, a las empresas privadas claramente les gustaría ver concesiones. En lo referente a esto, la propuesta del PAN es la más completa. La propuesta del PRD regresa a la idea de que se necesita un Pemex fuerte. Un Pemex fuerte es importante para el Estado y para la sociedad mexicana, y ciertamente es importante para los socios que tendrían que trabajar con Pemex o realizar operaciones conjuntas.

El unicornio en la sala es la propuesta del PRI. Todos estamos hablando sobre ella, pero nadie la ha visto. Lo único que tenemos es la reforma constitucional, y orientación de Peña Nieto sobre lo que le gustaría ver en leyes secundarias.

WSJ: ¿Dentro de los resultados probables, cuán atractiva cree que será la reforma para las empresas privadas y extranjeras que quisieran participar en el mercado energético del país?

Padilla: Históricamente, México rara vez ha hecho más de lo que tiene que hacer. Simplemente no es la forma en la que se toman las decisiones. Si Peña Nieto sale adelante, e intentan hacer acuerdos de ganancias compartidas, esos son económicamente menos atractivos que compartir la producción. Por tanto, sólo los proyectos más favorables en el área de exploración y producción serán atractivos. El gas de esquisto se vuelve mucho más complicado, ya que si uno observa a EE.UU., básicamente hay concesiones. Sería muy difícil que vaya a ser muy atractivo comparado con EE.UU. Esto será un proyecto en desarrollo. No será algo que ocurrirá muy, muy rápido.

La otra cosa que pienso que ha sido pasada por alto pero que potencialmente podría ocurrir con mucha mayor rapidez es la inversión en actividades que no son de exploración y producción.

[Peña Nieto] dejó claro que implementarían por completo las retrasadas regulaciones de gas de 1995, lo que básicamente significa que Pemex ya no tendría control monopólico del sistema de gasoductos. Eso en sí mismo abrirá todo tipo de actividad.

Nuevas oportunidades

WSJ: ¿Qué oportunidades de inversión y financiamiento podría haber bajo el nuevo régimen energético?

Padilla: México tiene grado de inversión. Comparte una frontera de 3.000 kilómetros con EE.UU. y tiene el TLCAN [Tratado de Libre Comercio de América del Norte] con EE.UU. y Canadá, que en sí es un mercado enorme. Desde una perspectiva de financiamiento, el cielo es el límite. Hay un mercado financiero interno muy robusto, que incluye la Bolsa Mexicana de Valores,  y existe un mercado bancario saludable.

Entonces, ¿hay financiamiento a largo plazo en pesos? Absolutamente. ¿Hay financiamiento a largo plazo en dólares estadounidenses? Absolutamente. ¿Prevemos más cotizaciones en la bolsa mexicana? Hay gente en este momento que está dedicando grandes cantidades de tiempo y esfuerzo para ver si cotizan en la bolsa. Veremos empresas buscando financiamiento en todos los niveles.

WSJ: ¿Cuáles son algunas lecciones para México de elementos a imitar y elementos a evitar de países de América Latina que han atravesado por el mismo proceso?

Padilla: Simplicidad y claridad son quizás los dos mayores elementos a imitar. Creo que el principal elemento a evitar es que no se interfiere. El problema que ocurre en gobiernos latinoamericanos es que con mucha frecuencia se sienten muy tentados a entrometerse en las cosas de manera indebida.

Si observa a Brasil y la evolución del sector de energía privado en ese país, originalmente empezaron con bloques marítimos como concesiones. Luego, comenzaron a compartir la producción. Y después encontraron el presal [yacimientos petrolíferos marítimos] y una ola populista se apoderó de ellos.

Creo que en el caso de Colombia y Ecopetrol, es un proyecto en desarrollo. En la reforma energética, pasaron por vaivenes en cuanto a lo que había sobre la mesa. Y cuando esos términos no eran muy atractivos, entonces tuvieron que modificar las cosas para traer a la gente de regreso. El punto es que las buenas decisiones son decisiones de dejar que el mercado funcione.

Fuente: The Wall Street Journal

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